martes, 11 de diciembre de 2012

Volver a Clarín

Leopoldo Alas Clarín es uno de mis escritores preferidos. Leí arrebatada las historias tremendas de La Regenta y Su único hijo. Y esta mañana ha caído entre mis manos Una novela y ocho cuentos, en edición de Planeta, del año 1983, muy amarillenta y con ese olor avainillado que adquiere el papel con el paso de los años. Son los indultados del gran expurgo de libros y tebeos que hemos hecho en el trastero de casa, como todos los expurgos, doloroso y reconfortante a la vez. Volver a Clarín siempre es un placer.
 
Hay un lugar en el Norte de España adonde no llegaron nunca ni los romanos ni los moros; y si doña Berta de Rondaliego, propietaria de este escondite verde y silencioso, supiera algo más de historia, juraría que jamás Agripa, ni Augusto, ni Muza, ni Tarick habían puesto la osada planta sobre el suelo, mullido siempre con tupida hierba fresca, jugosa, obscura, aterciopelada y reluciente, de aquel rincón suyo, todo suyo, sordo, como ella, a los rumores del mundo, empaquetado en verdura espesa de árboles infinitos y de lozanos prados, como ella lo está en franela amarilla, por culpa de su achaques.

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